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Creador del tema: Canis MajorisMisterios de un Malfoy (Draco Malfoy y Tu)
#1
Misterios de un Malfoy.

Bien. ¿Cómo podría empezar? 
No lo sé.
 
Mi nombre es Auntie Bulstrode. Mis padres son: Dahami y Towenty Bulstrode, ella una bruja y él un mago. Ambos estudiaron en el gran colegio de magia y hechicería, así es, habló de Hogwarts. Mi madre perteneció a la casa Gryffindor mientras que mi padre perteneció a Slytherin, y también fue subordinado de… Lord Voldermot. El hombre que nunca, pero nunca, debe ser mencionado. La verdad es que mis padres jamás me han querido hablar mucho respecto a aquel hombre, pero estoy convencida de que hizo muchas cosas malas y terribles, cosas inimaginables. Cada ser que escucha su nombre tiembla como gelatina, por eso, jamás digas su nombre. Es estrictamente innombrable.
 
Según se ha escuchado entre las malas lenguas, se ha oído hablar de una persona que ha podido sobrevivir a Lord Voldermort, la única persona que fue capaz de derrotarlo aun siendo un bebé, la única persona que sobrevivió ante el Avada Kedrava, un hechizo que te mata casi al instante. Todos conocen sobre aquel chico, debe de tener mi edad, su nombre es Harry… Harry Potter, el niño que vivió.
 
La verdad es que siempre he querido conocerlo, preguntarle muchas cosas y sobretodo, ser su amiga. No debe de ser un niño malo, no considero que una persona mala pueda derrotar a Lord Voldermot aun siendo un bebé. Debió ser realmente terrible para Harry, haber perdido a sus padres sin haber tenido la oportunidad de convivir mucho tiempo con ellos… Debe de ser terrorífico para él, no tener padres, sentir que no encajas en el mundo. No puedo ni imaginármelo.
 
Pero bueno, tal vez tenga la oportunidad de conocerlo como tal vez no.
 
Volviendo al tema principal. Como hija de dos grandes magos, por supuesto que he heredado la magia dentro de mí, soy una sangre pura y no creo que tardé mucho en llegarme mi carta de ingreso a Hogwarts. Estoy nerviosa por ello, sobretodo ¿y si no me llega?, nunca he tenido suerte para muchas cosas. Mi carta se pudo haber extraviado con alguna lechuza… Nunca se sabe en el mundo de la magia.
 
También estoy nerviosa respecto a la casa que me tocara. Mis padres pertenecieron a casas distintas por lo que no estoy muy segura, pero no creo que toque en Slytherin. He escuchado que la mayoría de los miembros de esa casa son medio chiflados o tienen problemas mentales, según lo que me ha dicho mamá. Tampoco quiero ingresar en Huflepuff, me parece medio aburrida. Creo que Ravenclaw estaría bien, ya que. He escuchado que en Gryffindor solo hay ñoños, o al menos eso me dijo papá. Además, la insignia de Ravenclaw se ve genial. Siempre he considerado que las águilas son criaturas heroicas y valientes, así que estará bien.
 
Creo que no debo preocuparme antes de tiempo, así que solo me relajaré. Pretendo ir a ver qué está haciendo Cuthbert. Oh no, ¿no se los había dicho?, Cuthbert es mi hermano. Él estudia en Hogwarts, casa Slytherin, y acaba de pasar a tecer año. Actualmente, está en nuestro hogar, ya que están de vacaciones. Por esa razón espero mi carta, se supone que llega en estas fechas ¡ah, que desesperante es esto!

Aclaraciones:

a) Esto es una de esas historias de: Draco y Tu. Por lo que se pueden imaginar a Auntie como si fueran ustedes. Se me hacía algo molesto colocar solo la rayita () en vez de un nombre.

b) Antes de colocar el primer capitulo de esta historia. Tal vez modifique la trama antes de colocarlo, por lo que estén pendientes.

c) Claro que modificare este mensaje. Lo he elaborado en la noche, por lo que ando medio dormida. Debo de tener fallas horribles.

d) No me centrare totalmente en los libros o películas de la saga. Algunos hechos cambiaran.

e) Harry Potter no me pertenece, le pertenece a la brillante: J. K. Rowling. Pero esta historia si la estoy escribiendo.

f) Algunos de mis amigos de Aice, podrían aparecer en esta historia. No se alarmen, ni sorprendan.

g) Disculpen de antemano si me equivoco en algunas partes. Hace mucho que no vuelvo a ver Harry Potter, JAJA.
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#2
Dale Caloh! me encanto síguela la necesito en mi cuerpo la continuación YAAA!! :3
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#3
Capitulo 1.
 
Estaba sentada en la mesa del comedor. Mi madre lavaba los trastes mientras que mi padre se dedicaba a leer el periódico, no el periódico de los muggles. Se trataba de: El diario el Profeta.
 
Me encontraba casi deprimida, solo me dedicaba a destrozar mi trozo de pastel de calabaza con la cuchara, no tenía mucha hambre. Me sentía realmente desanimada puesto que nunca me llegó mi carta, se preguntaran ¿Por qué tan alarmada?  Las cartas siempre llegaban a los futuros estudiantes de Hogwarts en Agosto, y tenían antes del 31 de Julio para enviar una lechuza con una carta que diría si asistirías a Hogwarts o no. Pero ya había pasado algún tiempo, quizá no era una bruja de verdad, quizá no me querían en Hogwarts pero… ¿Por qué? ¿Qué había hecho mal?
 
    Auntie, cielo, ya llegará. —Me consoló mi padre, quién había dejado el periódico de lado para pasar su mano por la mesa hasta tocar la mía. —No te preocupes, ya verás que…

Aparte mi mano de forma suave. Logrando que no culminase la oración.
 
    No llegará, papá. —Intente forjar una sonrisa, pero estaba demasiado triste. Creo que pareció más bien una mueca. — Lo mejor será que no me siga ilusionando. —Suspire. — Iré a mi habitación, me he levantado temprano para nada.

Me levante de mi asiento sin esperar alguna respuesta. Solo sentí la mirada de pena de mis padres, clavadas en mi espalda. Comencé a caminar, me había resignado. Hogwarts no me quería como estudiante, no iba a conocer a Harry Potter, no iba a aprender magia en Hogwarts, no podía ponerme nerviosa por estar en alguna casa porque… ¡No estaría en ninguna!
 
Las lágrimas automáticamente se apoderaron de mis ojos achocolatados. No quería llorar, pero me sentía realmente triste.
 
Aseguraba que estaba temblando mientras me dedicaba a subir los primeros escalones hacía las habitaciones. Pero de pronto, una voz me detuvo por completo.
 
    ¿Qué haces? ¿No deseabas estar en Hogwarts más que nada?—Me preguntó una voz irritada y con tono severamente aburrido. — Que enredo… vamos, muévete, ven acá.

Mi ceño se frunció evidentemente. ¿Qué a caso Cuthbert no entendía que me sentía terrible? ¿No podía ser agradable por una vez en su vida?
 
Me volteé de golpe, me había enojado, no estaba de buen humor para escuchar sus regaños o sus estúpidos comentarios. Cuando me giré por completo, pude verlo.
 
Mis padres tenían una gran sonrisa de oreja a oreja mientras que Cuthbert mantenía su expresión tranquila que demostraba lo aburrido que estaba. Pero eso no me importaba, no me importaba lo que sintiera Cuthbert en esos instantes. Lo que me importaba era lo que tenía entre sus manos.
 
Mis ojos se iluminaron.
 
    ¡La carta de Hogwarts!—Grite con emoción, corriendo hacia él.
 
    ¡Si, la carta de Hogwarts!—Intento imitar mi voz con falsa emoción. — ¡Que conmoción, ya se me quitaron mis estados depresivos de loca suicida!

Ignore por completo sus comentarios. Deteniéndome frente a él y arrebatándole la carta de entre las manos. Admirando lo hermosa que se veía, ¡Por fin!
 
    Pero... No entiendo. —Lo mire confundida. — Yo he revisado el correo hace un rato, la carta no estaba.

Cuthbert rodó sus ojos con cierta pereza, introduciendo las manos en los bolsillos de su pantalón.
 
    Me he levantado más temprano. —Se encogió de hombros. — Fui a revisar las cartas que me enviaron mis amigos, sin querer me traje la tuya. Bueno, hace un rato que me di cuenta de eso pero me daba pereza bajar.

En otra ocasión, realmente lo hubiese golpeado. Pero estaba feliz así que no podía sentirme enojada. Solo sentí cuando mis padres se acercaron hacía mi, posando cada uno, una de sus manos en mis hombros.
 
    Ábrela, cariño. —Me alentó mi madre con una dulce sonrisa tan característica de ella.

Solamente comencé a abrirla de manera impaciente, detallando cada detalle de aquella carta que a mi parecer era tan perfecta. Quería grabar ese momento para toda mi vida.
 
Comencé a leerla, ¡Por Merlín, que nervios!
 
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Director: Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.
 
Querida señorita: Auntie.
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.
Muy cordialmente.

Minerva McGonagall
Subdirectora

Uniforme
Los alumnos de primer año necesitarán:
*Tres Túnicas sencillas de trabajo.
*Un sombrero negro puntiagudo para uso diario.
*Un par de guantes protectores.
*Una capa de invierno.

Libros
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
*El Libro Reglamentario de Hechizos Miranda Goshawk
*Una Historia de la Magia, Bathilda Bagshot
*Teoría Mágica, Adalbert Waffling
*Guía de Transformaciones para principiantes, Emeric Switch
*Mil Hierbas y hongos mágicos, Phyllida Spore
*Filtros y Pociones Mágicas, Arsenius Jigger
*Animales fantasticos y donde encontrarlos, Newt Scamander
*Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentim Trimble

Resto del equipo
*1 varita.
*1 caldero de peltre número 2.
*1 juego de redomas de vidrio o cristal.
*1 telescopio.
*1 balanza de latón. Los alumnos también podrán traer una lechuza, un gato, una rata o un sapo.
SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS ALUMNOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.
 
Una sonrisa surcó mis labios.
¡Gracias Dumbledore! 
¡Gracias Mcgonagall!
 
    ¡Me aceptaron!—Grite con emoción como cualquier otra niña de 11 años. Mis padres rieron y me abrazaron con entusiasmo mientras Cuthbert se había sentado en mi anterior asiento, comiendo mi desayuno.

Para lo que le espera…—Escuche murmurar a mi hermano pero lo ignore.
 
Estaba tan feliz, pero repentinamente recordé algo. ¡Teníamos que mandar con la lechuza de que aceptaba!
 
    Hey, pero no tengo una lechuza. ¿Cómo enviaremos la carta?—Pregunté, separándome ligeramente de mis padres.

La enviaremos con mi lechuza, cariño. —Me dijo mi madre con orgullo.
 
    ¡Mamá!—Exclame horrorizada. — ¡Esa lechuza es una bestia! Siempre anda mordiendo a todos.

Mi padre y mi hermano intentaron aguantar las carcajadas. A lo que mi madre fulminó con la mirada a su esposo, mi padre.
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#4
Wiiiii, te ha quedado genial, me gusta y ya quiero saber qué pasará más adelante así que espero la contiiii ?
?mage

*Nankurunaisa*
                                                      
                                          

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#5
Hola, pequeña n.n

Bueno, sólo quiero informarte que ya me pasé (por fin ewe) n.n Hace mucho que no escribo ewe, años xD  Pero te dejo un MP <3
Posdata: Nunca vi Harry Potter ni leí los libros xD Sin embargo, estoy al tanto de lo que sucede en la saga (llámense compañeros y amigos fanáticos ewe); sin embargo, lo poco que he leído está bueno xD

Bueno, nos vemos por ahí preciosa peque :3
Sayo~
No creas en la mitad de lo que escuchas.
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#6
Capitulo 2:

No había transcurrido mucho tiempo desde que me llegó la carta de ingreso a Hogwarts.

 
 Esperaba de manera impaciente que mis padres terminaran de alistarse, para de esa manera irnos a comprar mis útiles escolares, y algunas cosas que necesitaría Cuthbert por la misma razón, Hogwarts.  Estaba ansiosa, no podía negarlo. Finalmente, hoy podría visitar el gran callejón Diagon, un sitio con miles de tiendas y calles por descubrir. Lamentablemente, cuando Cuthbert ingresó a Hogwarts, no pude acompañarlos a comprar sus útiles puesto que en ese tiempo contagie un fuerte resfriado y los demás años prefirieron no llevarme, ya que decían que sería más “emocionante” cuando yo ingresará. Por lo que se podía decir, que sería mi primera vez yendo hacía el callejón Diagon.
 
Me encontraba parada frente a la chimenea. Mi hermano, se encontraba cerca de mí, tan solo a unos cortos metros. Devoraba la comida del refrigerador como todo un animal, parecía una bestia, tanto era que sus mejillas estaban infladas de tanta comida que se había metido en la boca. Resultaba ser algo un poco abrumador.
 
¡Dejad de comer de esa manera!—Le reprendí molesta. — Pareces un cerdo.
 
Él solo me miró, enarcando una de sus cejas.
 
¿A caso te molesta, princesa?—Se burló. — Porque te recuerdo que no vivimos en ningún palacio, por ende no hay reglas ni restricciones de cómo debo de comer.
 
No viviremos en un palacio, pero vivimos en una gran mansión. Nuestros padres al menos esperan que tengas algo de educación. En especial cuando se trata de algo tan sencillo como “comer”.
 
Él solo bufó un poco molesto, continuando con su manera tan peculiar de derrochar.
 
Solté un suspiro algo cansadino ante su reacción. Pero mis ojos no pudieron evitar iluminarse en cuanto escuche unos pasos bajar las escaleras. Escuchaba varias risas y voces hablar entre si, por lo que supuse que se trataría de mis padres.
 
Cuando aquellas dos personas llegaron hasta la cocina. Mi madre nos miró con sorpresa y dijo:
 
¡Vaya! Si que se levantaron temprano, ¿verdad?—Dijo teniendo un extraño recipiente entre sus manos con un polvo grisáceo como contenido.
 
Mi hermano Cuthbert se volteó hacía nuestras padres, teniendo su rostro completamente envuelto de salsa. Pareció no importarle cubrir las evidencias de lo que había estado haciendo.
 
¡Cuthbert!—Grito enojada mamá. — Espero que esa no sea la comida que deje preparada para el almuerzo, cuando lleguemos. —Su rostro estaba un poco rojizo por el enojo. — ¡Y mira cómo estás todo manchado! Pareces todo un crío.
 
Solté una pequeña risa burlona, observando cómo nuestra madre se había acercado precipitadamente hacía él luego de haber dejado el recipiente en manos de papá. Mi madre le restregaba el rostro a Cuthbert con un pañuelo, intentando quitar la suciedad.
 
Mi padre me miró con cierto reproche, pero  volví a reír. Mi mirada se centró en el recipiente que él tenía, y el pareció notarlo puesto que no tardó en explicarme.
 
Son polvos Flu, con ellos viajaremos hacía el Caldero Chorreante y de ahí llegaremos al callejón Diagon. Queremos enseñarte primero el Caldero Chorreante, ya que nunca has estado ahí.
 
Asentí de manera calmada y luego me di cuenta de cómo mi madre junto a mi hermano se acercaban hacía donde estábamos. Cuthbert estaba limpió pero se había colado a mis espaldas, posiblemente para  utilizar los polvos flu luego de que yo lo hiciera.
 
Deberíamos darnos prisa, entre más pronto lleguemos, mejor. —Comentó mamá con una radiante sonrisa.
 
Es cierto. —Mi padre fijó su vista en mí, extendiéndome el recipiente. — Escucha bien, Auntie. Debes de tomar un poco del polvo, tirarlo en la flama de la chimenea y hablar de la manera más fuerte y clara posible. Debes decir: Caldero Chorreante. Si no lo haces, lo más seguro es que acabes en otro lugar. Luego de haber dicho eso, debes meterte en la llama.
 
Volví a asentir en silencio. 

Tome un poco de aquel polvo arenoso en mi mano, se sentía realmente extraño. Pero mi madre exclamó alegremente:
 
¡Muy bien, Auntie!
 
Proseguí en lanzar aquel polvo en la llama de la chimenea. Al instante en que el polvo toco la llama, está se volvió de una tonada verde esmeralda un poco escandalizante. La verdad es que me sentía realmente nerviosa. Pero debía de hacer lo más importante; Hablar sin ni siquiera titubear.
 
¡Caldero Chorreante!
 
Y cuando estuve a punto de introducirme en las llamas verdes. Sentí una fuerte patada en mi espalda que me hizo introducirme de golpe en la chimenea.
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#7
Capitulo 3.
 
Sentía como iba cayendo hacía algún sitio. Intentaba mantener mis ojos cerrados pero no podía, todo era tan sorprendente. Podía ver aquella misma tonada verde esmeralda a mi alrededor. No iba a mentir, eso me mareaba un poco y sobretodo porque cada vez que iba cayendo, sentía que lo hacía aun más rápido que antes. Moví un poco mis pies, aun no tocaba suelo, estaba un tanto nerviosa puesto que no sabía cuánto tardaría aquel mismo proceso. Mis manos buscaron desesperadamente algo con el que sostenerme, y en eso, pude tomar algún objeto que no supe bien cómo explicar, no sabía lo que era.
 
De repente, solo sentí un duro golpe. Había caído en un áspero y duro suelo de una chimenea, ensuciándome un poco de hollín pero no fue algo que me importara. Me levante a duras penas , al haber caído de sentón me dolía un poco el trasero pero no era un dolor tan grave, me había dolido más la patada que me había dado Cuthbert. Solté un suspiro. Resignada, sacudí mi ropa para hacer desaparecer la mugre aunque no fue algo que pude hacer con simpleza.
 
Termine resignándome nuevamente, por lo que preferí simplemente dejarlo así. Mi vista se alzó hacía el lugar donde había llegado. Habían muchas personas, magos y brujas con distintas túnicas y de diferente color, sombreros puntiagudos con diferentes formas y algunas personas brindando entre sí con tanta armonía. El lugar parecía ser un poco lúgubre, era un bar, pero estaba bastante oscuro y destartalado. ¿Había llegado al lugar correcto? ¿Este era el tan famoso “Caldero Chorreante” que todos mencionaban?
 
Mi vista se centró en un extraño hombre que hablaba con el cantinero. Aquel hombre llevaba una especie de turbante en su cabeza y al escucharlo hablar, parecía ser tartamudo puesto que no podía decir una oración sin trabarse. Eso me inspiro curiosidad. Sobre todo porque escuche que mencionaron el nombre de Harry Potter, la persona que tanto ansiaba conocer. Cuando estuve a punto de acercarme para comenzar con una interrogación. Una luz verde deslumbró todo el lugar, haciéndome voltear de golpe para centrar mi mirada en la chimenea, donde segundos antes había estado. Una vez que la luz se desintegro, pude ver a mi hermano, con su rostro aburrido de siempre.
 
¿Por qué has tardado tanto? He estado casi 10 minutos esperando aquí.
 
En realidad fueron 20.
 
Abrí mis ojos sorprendida. ¿Tanto había estado pensando que perdi la noción del tiempo?
 
¿Dónde están pap…
 
Me interrumpió. Se aventuró hacía mi y me tomo del brazo con cierta brusquedad, jalándome para que empezara a caminar.
 
Mamá ha recibido una lechuza con una carta en último minuto. Se ha empeñado en responderla así que lo más seguro es que los encontremos en una tienda.
 
Asentí levemente ante lo que dijo. Pero al ser casi arrastrada por él, pude ver la mochila que colgaba en su espalda, una mochila nunca antes vista.
 
¿Y esa mochila?
 
Él se tenso, pero con brusquedad me dijo:
 
No creo que sea de tu incumbencia.
 
Ese comentario me molestó un poco, pero preferí no decir nada más. Me deje llevar hasta llegar a un pequeño patio cerrado, donde no había más que un cubo de basura y hierbajos.
 
¿Qué hacemos aquí?
 
No recibí respuesta. Él solo soltó mi mano y me empujo un poco hacía atrás, acercándose hasta el muro que estaba frente a nosotros, contando algunos ladrillos.
 
Tres arriba… dos horizontales…—Murmuró. —Soy todo un genio. Aún lo recuerdo.
 
Y sin decir nada más. Dio tres golpes a la pared, con sus nudillos.
 
El ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio apareció un pequeño agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban contemplando un pasaje abovedado lo bastante grande para cualquiera, un paso que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la vista.
 
Cuthbert volteó a verme, agarrándome otra vez del brazo y jalándome. Me miró de reojo y dijo:
 
Que fastidio. —Su voz sonaba algo burlona. —Y pensar que debo recorrer la mitad de las tiendas contigo.
 
No le respondí. Estaba bastante impresionada de lo que veía. Me había procurado de mirar de reojo para ver como la puerta que se había abierto ante nosotros, se cerraba nuevamente. Estábamos paseando por una extensa y amplia calle, habían tiendas a cada lado y todas bastante juntas. Intentaba ver todas las tiendas, pero se hacía algo imposible porque caminábamos muy rápido. Además, de que era imposible para cualquiera  ver ambos lado al mismo tiempo. Había mucha gente, muchos niños de mi edad y otros un poco mayores, seguramente todos venían a comprar sus útiles.
 
Pude ver muchas cosas. Tienda de lechuzas, tienda de varitas, tienda de posiciones y encantamientos. Una tienda que tenía el escaparate de unas escobas pero que, casualmente todos los niños tenían pegados su nariz a la vidriera, observando una escoba en particular —La Nimbus 2.000— Una nueva escoba, y la más veloz por los momentos. Ya había escuchado de ella y era fácil descifrar que todos los niños anhelaban tener aquel objeto volador. Después de todo, era la más veloz y recién salida este mismo año.
 
Estaba tan distraída caminando que no me detuve hasta que sentí que había chocado con la ancha espalda de mi hermano. Fruncí un poco mis labios, ya que casi me caigo por aquella razón. Me separe suavemente de su espalda, su cuerpo me estorbaba la vista. Cuando pude fijarme porque nos habíamos detenido, me di cuenta de que habíamos quedado frente a una tienda. Su escaparate estaba lleno de diferentes prendas de distintos tamaños y colores, pero me llamo más la atención por lo que tenía escrito: «Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones»
 
Él volteó ligeramente su rostro para mirarme con una extraña sonrisa.
 
Ahí comprarás tu uniforme, nena. —Me dijo con simpleza, dejando una bolsa de dinero entre mis manos. —Podrás divertirte todo lo que quieras.
 
Lo mire confundida, ¿Qué quería decir?
 
¿No me acompañarás?
 
No.
 
¿Por qué?
 
Tengo cosas importantes que hacer. —Se encogió de hombros antes de jalarme con fuerza del brazo, obligándome a que me colocara frente a él de espaldas, y comenzando a empujarme con ímpetu. —Ni se te ocurra quejarte. No sabes cuánto hubiese deseado que mis padres me dejaran solo cada vez que veníamos al callejón Diagon, así que podrás agradecérmelo luego.
 
Pero…
 
¡No digas nada!—Exclamó cuando en un empujón me hizo entrar a la tienda. Una vez que estuve dentro, me sonrío como si nada. —Vendré luego, así que no me interesa lo que hagas. Procura no meterte en problemas.
 
Y como si nada, él se marchó lo más rápido que pudo. Intente gritar su nombre imparables de veces pero él solo ladeó su mano de un lugar a otro en forma de despedida, sin voltear hacía atrás.
 
Tengo a un estúpido como hermano. —Vocifere.
 
Mi mirada se paseo por mí alrededor, encontrándome con una presentable tienda. Me sentía algo nerviosa y mis manos comenzaban a sudar por los mismos nervios, eso me obligo a tragar un poco grueso. Examinando la tienda, note la existencia de una bruja regordeta y  vestida de un color malva. Parecía ser agradable.
 
Disculpe, ¿puede…?
 
Hola, cielo. —Dijo, interrumpiéndome. — ¿Hogwarts, no es así?—Y sin dejarme hablar, volvió a parlamentar. —Tengo muchos aquí… En realidad, un muchacho se está probando ahora.
 
Aquella bruja bocaza y sonriente me señaló a un joven que se encontraba en el fondo de la tienda. Él estaba de pie sobre un escabel, mientras otra bruja le ponía alfileres en la larga túnica negra. Iba a decir algo, pero Madame Malkin no me dejo hablar nuevamente. Me tomo del brazo con delicadeza y me obligo a subirme a un escabel que se encontraba al lado de aquel mismo niño, deslizando por mi cabeza una larga túnica a la que comenzó a marcarle el largo apropiado.
 
Con detalle, pude examinar a aquel muchacho con mi mirada. Tenía cabello rubio claro peinado hacia atrás tan pegado a su cabeza que parecía la lamida de un trol, su tono de piel era pálido y tenía unos preciosos ojos grises. Sin embargo, algo en aquel muchacho no me agradaba, solo que no sabía qué.
 
Hola. —Dijo aquel chico, sorprendiéndome. — ¿También Hogwarts?
 
Sí.
 
Mi padre está en la tienda de al lado, comprando mis libros, y mi madre ha ido calle arriba para mirar las varitas.—Dijo con un tono ligeramente aburrido.—Luego voy a arrastrarlos a mirar escobas de carreras. No sé por qué los de primer año no pueden tener una propia. Creo que voy a fastidiar a mi padre hasta que me compre una y la meteré de contrabando de alguna manera.
 
Este chico parecía ser más bocaza que la bruja Malkin, me decía cosas que realmente no me interesaban. Lo único que pudo captar mi atención fue cuando menciono “contrabando”. Me gustaban las fechorías, y eso se percibía a una.
 
Está bien. —Le guiñé un ojo. —Si necesitas ayuda con eso de contrabando, me dices.
 
Él solo sonrió de forma cómplice como yo.
 
Por cierto, ¿tú tienes escoba propia?
 
Tenía.
 
¿Tenías?—Pregunto enarcando una de sus cejas.
 
Sí, tenía. —Me sonroje. —La partí en dos.
 
¿Cómo?
 
Pues…—Agache mi mirada, pesando. —No recuerdo mucho la verdad. Solo sé que intente hacer un doble salto, no me funciono y termine dos semanas en el hospital de San Mungo con un brazo y una pierna rota.
 
Él hizo una pequeña mueca de solo imaginárselo.
 
Diablos, ¿en que estabas pensando?
 
Me encogí de hombros.
 
—Supongo que quería adrenalina.
 
¿Adrenalina?—Me pregunto un poco burlón. —Creo que lo que más querías era morir. Ibas a quedar tan espachurrada como un estúpido escarabajo.
 
Fruncí un poco mi rostro.
 
Te dije que no recuerdo bien ¿no?
 
Él me miro por unos segundos con su rostro frío y calmado. Cambiando repentinamente de tema.
 
¿Juegas al menos al quidditch?
 
No.
 
¡Pues claro que no!—Dijo entre risas. —Si casi te mueres volando una escoba.
 
¿Vas a seguir?—Le pregunte irritada, escuchando como seguía riéndose. —Te he dicho que no recuerdo muy bien.
 
¿Cómo lo vas a recordar? Seguramente te has volcado de cabeza, jajajaja.
 
Bufé molesta y me crucé de brazos, volteando mi rostro parar mirar hacia otro sitio contrario. Pero que pesado que era esté renacuajo. Mi ceño estaba fruncido mientras escuchaba como él continuaba riéndose.
 
No supe cuanto tiempo estuvo con sus burlas, solo sé que en un momento se detuvo y volvió a preguntarme algo más, pero no le presté atención. Me sentía molesta, ¿de qué mierda se paveaba tanto? ¿Nunca se había visto la mierda de cabello que tenía o qué?
 
Eh, no me ignores. —Me dijo un poco serio pero podía notar la gracia en su voz. — ¿Te has enojado?
 
No le respondí.
 
¡Que no me ignores!—Exclamó con gracia. Limitándose a pinchar mi mejilla con uno de sus fríos dedos. —Vamos, no seas tan sensible. Tal vez luego puedas seguir contándome cómo fue que te caíste de tu escobita, jajajaja.
 
No volvió a recibir respuesta.
 
Con que así quieres hacerlo ¿no?—Pregunto en tono divertido.
 
Dejo de pinchar mi mejilla y creí que todo había terminado hasta ahí. Pero de la manera más molestosa posible él se subió a mi mismo escabel, quedando frente a mí y casi tumbándome pero antes de caerme, él me sujeto con firmeza de la cintura con sus manos, logrando que me apegará por completo a él. Mirándome a los ojos con la frialdad de los suyos. Tenía su rostro tan cerca que podía sentir su respiración cerca de mis labios, estaba más roja que un tomate y él ni parecía tomar en cuenta la situación. Pero ¡Que baboso que es!
 
Casi te caes. —Me reprendió.
 
¡No estuviese a punto de caerme si no fuera por tu culpa!—Le dije un poco molesta. Estaba bastante sonrojada y él solo se limitaba a mirarme con sus fríos ojos. — ¿Qué quieres?
 
Sabes…—Me dijo pensativo aún con sus manos rodeando mi cintura. —Yo sí juego al quidditch.
 
¿Y eso qué?
 
Él abrió sus ojos sorprendido.
 
¿Y eso qué? ¿¡Y eso qué!?
 
Sí, ¿y eso qué?
 
Él me soltó de golpe, haciendo que me cayera del escabel de sentón al piso pero pareció no darse cuenta. Se tomo sus rubios cabellos con sus manos de forma un poco exagerada, estaba de espaldas hacía mí.
 
¡Mi papá dice que sería un crimen que no me eligieran para jugar por mi casa! Y la verdad es que estoy de acuerdo, ya te podrás imaginar lo bueno que soy. —Alardeaba hasta que se volteó hacía mi, chasqueando su lengua y extendiendo su mano para que me levantará. —Mierda, pero es que te caes sola. Te quedaste un poco tonta desde el accidente con esa escoba ¿verdad?
 
Lo miré enojada, levantándome de mi lugar sin aceptar su ayuda. Colocando mis manos en mi cintura en forma de jarra.
 
¡Si me he caído ha sido tu culpa!
 
Sí, si, como sea. —Ladeo su mano de un lugar a otro, llegando hasta su escabel de un salto pequeño. —Solo me hechas la culpa de tu idiotez.
 
Y si, esa vez estaba roja. Pero esta vez no de vergüenza, ¡estaba furiosa!
 
¡No ha sido idiot…
 
Él volvió a mirarme pero de forma severa aunque calmada a la misma vez. Haciéndome callar de golpe y limitándome a subirme a mi escabel.
 
¿Ya sabes en qué casa vas a estar?
 
En realidad no. —Le dije un poco apenada.
 
Bueno, nadie lo sabrá realmente hasta que lleguemos allí, pero yo sé que seré de Slytherin, porque toda mi familia fue de allí. ¿Te imaginas estar en Hufflepuff? Yo creo que me iría, ¿no te parece?
 
Una sonora carcajada se escapo de mis labios, haciéndolo sonreír.
 
Definitivamente si. —Le dije entre risas.—Hufflepuff es la peor casa de todas. Son tan patéticos e inservibles que no me imagino estar en un sitio así. No me gustaría ser parte de una completa humillación.
 
Él río esta vez.
 
Tienes razón. Esa casa es la vergüenza de todo Hogwarts, incluyendo a sus integrantes.
 
Ambos reímos a la par, siendo ordenados a callarnos por una de las brujas pero eventualmente la ignoramos, siguiendo con nuestras risas hasta que él volvió a hablar:
 
A propósito, ¿de qué clase son tus padres?
 
Pero que pregunta tan rara.
 
Mi madre una bruja y mi padre un mago. —Lo miré curiosa. — ¿Y tú?
 
Está claro. —Dijo orgulloso de si mismo. —Mi madre una bruja y mi padre un mago.
 
Ah, y como hijo nació un completo tarado.
 
¿Qué?—Frunció su ceño, mirándome de manera severa. — ¿Qué has dicho?
 
Que eres un tarado y me das pena ajena.
 
Y antes de que él pudiera gritar, repentinamente tape su boca con una de mis manos. Mi vista se había fijado en la vidriera donde estaba un enorme hombre que tenía la altura de dos hombres juntos, era regordete. Su rostro estaba prácticamente oculto por una larga maraña de pelo y una barba desaliñada, pero podían verse sus ojos negros bajo aquella pelambrera. Era un hombre bastante andrajoso y negligente.
 
¿Y quién mierda es ese?
 
El niño rubio, sin cuidado alguno aparto mi mano de su boca. Mirando el lugar hacía donde yo ahora señalaba.
 
He oído hablar de él. Es una especie de sirviente.
 
Enarqué una ceja.
 
¿Sirviente? ¿Y con ese aspecto?—Dije incrédula. —Entiendo que los esclavos sean descuidados y desaliñados pero este tipo tiene de todo menos de ser un sirviente. No creo que en Hogwarts permitan a un sirviente tan del asco.
 
Sirviente, esclavo, guardabosques, lo que sea. He oído decir que es una especie de salvaje, que vive en una cabaña en los terrenos del colegio y que de vez en cuando se emborracha. Trata de hacer magia y termina prendiendo fuego a su cama.
 
Una leve carcajada de escapo de mis labios.
 
Seguramente estuvo en Hufflepuff Jajajaja. No me imagino si quedáramos al cuidado de ese mencatreque.
 
Ambos volvimos a reír, siendo nuevamente mandados a callarnos por la misma bruja. Luego de un rato, ambos quedamos en completo silencio, observando como aquel enorme hombre se marchaba hacía otro lugar.
 
¿Te digo algo?—Me dijo mirando la vidriera de manera distraída. —Realmente creo que no deberían dejar entrar a los otros ¿no te parece? No son como nosotros, no los educaron para conocer nuestras costumbres. Algunos nunca habían oído hablar de Hogwarts hasta que recibieron la carta, ya te imaginarás. Yo creo que debería quedar todo en las familias de antiguos magos.
 
Sentí como un agrio sabor de boca se instalo en mí. Aquello me había sabido bastante mal. No tenía absolutamente nada en contra con los hijos nacidos de muggles. Mis padres nunca me educaron para detestarlos o para aborrecerlos por su sangre, todos merecíamos una oportunidad aunque fuese la más pequeña. Lo importante es que tenían magia ¿no?. Entonces ¿Por qué tanta obsesión con la sangre? ¿Qué tenía tan importante la sangre pura? A la final, muchas personas de sangre pura habían resultado ser seguidores de Lord Voldermort, y eso resultaba ser peor que otra cosa. Seguidores de un asesino, de un infame que se dedico a causar destrucción. Arruinarle la vida a un niño, arrebatándole a sus padres, una fuente de vida importante para esa criatura.
 
No quería responder a eso porque sabía que mi respuesta no sería buena para él. Y gracias al Merlín, Madame Malkin apareció y dijo:
 
Ya está listo lo tuyo, cielo. —Me extendió una bolsa que supuse que contenía mis túnicas.
 
Sonreí ampliamente y le pague a la sonriente bruja. Tomando mi bolsa entre mis manos. Sentía la mirada de aquel muchacho talándome, sabía que me miraba con extrañeza al no haber recibido una respuesta por lo que había dicho. Y sin despedirme, solamente salí de la tienda. No esperando que él volviera a decir alguna otra cosa.
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#8
Hii, estuvo súper me encanto Smile  te felicito y espero la contii ^/^
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*Nankurunaisa*
                                                      
                                          

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